Masivamente human@s, incomplet@s e imperfect@s

Al Día Mundial de la Salud Mental lo celebramos con un viaje en la historia de cada persona para recuperar su bienestar emocional.

¡Feliz día!

En el Día Mundial de la Salud Mental elegimos hablar sobre una ya, vieja película: Volver, de Pedro Almodóvar, estrenada en 2006. Este film  narra la historia de una mujer que después de mucho tiempo y por determinadas circunstancias regresa a su pueblo, a la ciudad de su infancia y adolescencia, al barrio que la vio nacer, a la familia, su gente, su historia.

Lo interesante es que ese «volver» al viejo barrio también y, haciendo un juego de palabras, «vuelve» a la protagonista de esta historia al pasado, a su familia, su casa materna, su historia secreta, sus conflictos no resueltos. La película regresa a la protagonista a aquello que no quiere ver, a la tragedia de su vida, una tragedia que la alejó de sí misma, de sus raíces y afectos por mucho tiempo.

Las películas de Pedro Almodóvar son  poéticas, excesivas, desenfrenadas, alocadas.  No son bellas por ser perfectas o hermosas, sino porque muestran una fealdad que a veces no queremos ver. Siempre hablan de algo que conmueve y molesta. Esa exposición de masiva humanidad, de imperfección, de incompletud y tremendas vivencias que nos atraviesan como seres humanos.

Una película es una HISTORIA, y un paciente, su vida, su contexto, su pasado, su presente es también eso… otra historia.

Para los humanos, optar por un proceso de recuperación y sostenimiento de la salud mental  es IR o VOLVER siguiendo el juego de palabras del presente al pasado, del pasado al presente y del presente hacia adelante, hacia el futuro.

Es muchas veces ir hacia lo desconocido, lo movilizante, volver a lo no resuelto, lo inconcluso, lo imperfecto, masivo, horrendo o bestial. Lo no elaborado.

Y un proceso de recuperación de la salud mental es también una historia; la historia del paciente y su recuperación, la historia de una verdad y una lucha, la historia de un proceso y un tratamiento.

Así, el proceso de recuperación de un paciente trataría de UNIR puntos. Esos puntos son: persona, familia,  infancia,  adolescencia, costumbres, tragedias personales y familiares, ausencias, abandonos, alegrías, encuentros, logros, fracasos. En nuestro caso además, está la comida, las costumbres y la cultura familiar alrededor del alimento.

En la película hay un pasaje donde la protagonista canta del tango de Gardel y Lepeda: «Tengo miedo del encuentro del pasado que ahora vuelve a encontrarse con mi vida… tengo miedo de la noche que poblada de recuerdos encadenan mi soñar».

Cuántas veces l@s pacientes en la recuperación de la salud tendrán que encontrarse con «la escena temida», con la verdad negada y oculta. Cuántas veces esa verdad verá la luz frente al grupo, frente al profesional. Cuántas veces la comida, el alimento, es  el vehículo de la enfermedad y el vehículo hacia la salud.

¿Cuántas veces el alimento conecta con la verdad?

La canción también dice: «¡Pero el viajero que huye tarde o temprano detiene su andar! Y aunque el olvido, que todo destruye, haya matado mi vieja ilusión, guardo escondida una esperanza humilde que es toda la fortuna de mi corazón».

Esperanza humilde es la que necesitan l@s pacientes, la familia y l@s profesionales en la búsqueda de la salud. El tratamiento y la recuperación son un viaje, un recorrido, una historia.

En palabras de Freud, «olvidar y recordar».

¿Qué es olvidar y qué es recordar?

Olvidar es no saber, no aprender, no saber que se sabe.

Recordar es resignificar, recuperar, aprender.

La búsqueda de nuestra salud mental y emocional camina de la mano del recuerdo. Y también camina de la mano de la confianza y la esperanza puesta en el vínculo, puesta en el otro.

¡Feliz día!

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